Todo ese camino tenía pensado andar.
Todo esos tropiezos tenía meditado superar.
Toda esa agonía en vuelo cuerdo tenía decidido afrontar.
Rebelde en su causa,
terquedad en su ego,
perseverancia… pura…clara...
Amor encausado, encastrado, clavado hasta en el más doloroso de los recuerdos.
Cero en renuncia,
diez en el oír de sus latidos,
y cien sobre cien en el de ese otro palpitar.
Podía sonar a adiós, pero su único guía, de un rojo cada vez más intenso,
no estaba para equivocarse, y caídas tras pasos,
levantaba la vista y caminaba por el sendero de su voz
sin desviar nunca la dirección hacia su amor perpetuo.
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