viernes, 27 de agosto de 2010

Verano Eterno

Recuerdo haberte visto en charlas perdidas,
en bailes excéntricos, en ruedas prohibidas,
o colgando del cielo como ángel divino ofreciendo algún sueño.
Y de haberte elegido en aquel momento;
llevabas en boca preguntas borrachas,
de izquierda a derecha, del centro hacia el fin,
del medio hacia vos.
Sos vida, alma, hermosura, sonrisa,
inquietud permanente que lleva hacia allá, hacia allá…
Lejos, cerca, a universos extraños, de sentidos mayores.
Hacia allá…
Sobresales a todo, a mí todo.
Hacia allá. Amándote.
Te recuerdo, dulce.
Te siento.
Te pido, llevame hacia allá, siempre… con vos.
Hacia allá.

lunes, 9 de agosto de 2010

Rojo Perpetuo.

Todo ese camino tenía pensado andar.
Todo esos tropiezos tenía meditado superar.
Toda esa agonía en vuelo cuerdo tenía decidido afrontar.
Rebelde en su causa,
terquedad en su ego,
perseverancia… pura…clara...
Amor encausado, encastrado, clavado hasta en el más doloroso de los recuerdos.
Cero en renuncia,
diez en el oír de sus latidos,
y cien sobre cien en el de ese otro palpitar.
Podía sonar a adiós, pero su único guía, de un rojo cada vez más intenso,
no estaba para equivocarse, y caídas tras pasos,
levantaba la vista y caminaba por el sendero de su voz
sin desviar nunca la dirección hacia su amor perpetuo.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Reflexión refleja.

Reflejó en su único espejo el rostro que hace tiempo no sabía que llevaba.

Vió sus ojos recubiertos de un color grisáceo que marcaban las ojeras motivadas por largas noches en vela.

Se sostuvo firmemente a lo que pudo, resignando sus ganas de llorar se aferró al impulso de querer correr hacia el más allá, a donde no se tope con nada que le impida disfrutar de cada centímetro de su entorno y habitar ese espacio donde ya no caiga en la ceguera de rígidas imágenes del traicionero y confuso pasado.

Ese momento reflejo, figuró un clic en su cabeza, se coló como una especie de gotas rehabilitadoras. Todo, absolutamente todo, le pareció tonto para dejarse estar.

Pasado el día de la hazaña, le agradeció el ida y vuelta de palabras.
Las consecuentes y espesas lágrimas caídas de un insobornable fracaso quedaron derramadas sobre el sillón, vaciaron su sien y fueron fieles detonadoras de inspiración para un futuro merecedor de su nueva llegada al mundo.

Sabe y muy bien, que va a nacer muchas veces más y que en su arte está el arma para seguirse construyendo.