Y otra vez se encontraba atrapada por la angustia que dejaba escapar la soledad.
No se explicaba como pudo cambiar su estado de un momento a otro.
Después de ese segundo solo vio caer lagrimas hacia la nada.
No sentía pisar tierra.
Estaba volando en el infierno mismo de la oscuridad.
Ni siquiera fuego, no había nada, solo lagrimas.
Ese vacio no dejó que pueda dar las justas explicaciones, a alguien que no estaba complaciente para poder escuchar.
No supo explicar donde se sintió, donde fue a parar.
No distinguió el instante hacia la densa carga, aunque comprendió que el traspaso duró lo que puede durar el cambio de un paso a otro.
No encontró palabras.
No las encontraba porque ahí no había más que angustia, lágrimas y nada.
La misma nada.
sábado, 20 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)