Duda en escribir. No encuentra el tema.
Pero algo que le pasó hace un rato no deja de darle vueltas en la cabeza y sigue sus líneas por ese lado.
Estaba en la oficina (trabajando) sin poder concentrarse y decide conectarse para que el tiempo corra mas rápido, todo le es tedioso, odia pasar el día encerrada haciendo nada, en ese instante, en esa búsqueda de algo, en su PC se abre una ventana con la foto de un amigo que hace tiempo no ve, entre saludos y anécdotas, quedan en encontrase a la hora del almuerzo.
A esa hora, en ese lugar, entre esa calle y la otra.
Dejó mas o menos ordenado lo que estaba haciendo antes de conectarse, escapó al jefe para no recibir ninguna pregunta incomoda.
Pasó por el baño, cargó agua en una botella, la gente de oficina tiene rutinas, a ella se le pegó esa cada vez que va a salir.
Llegó al lugar, esperó en una esquina, dio vueltas, él no se veía, ni ahí, ni allá.
El encuentro se dificultó porque él no cargaba un celular y las coordenadas pautadas eran confusas, se dieron cuenta de esto más tarde cuando al fin el destino quiso que se chocaran.
Él llevaba el pelo mucho más largo que la última vez, ella supuso que en algo también estaría cambiada.
Al revés de lo normal, ella le ofreció un cigarrillo, fumaron, hablaron, no rompieron el hielo, no lo necesitaban, luego de esa previa parados entre el gentío que los chocaba, aún estando apoyados y arrinconados sobre esa pared gris de un edificio del estado, él ofreció ir por una cerveza.
¿En el horario de trabajo? ¿Y después a la oficina?, ninguna de estas preguntas se hizo ella, no le importaban las consecuencias, menos, cuando se trataba de revelarse contra su trabajo (oscuro lugar al que ya le es imposible serle fiel con sus actos), ahí dentro, su cara se transforma, se le distinguen gestos de mal humor o sufrimiento, según el momento del día o lo que sea que este haciendo.
Entre cervezas apareció el porque de esta “casualidad” de reencontrarse, la situación, el momento y las palabras que fluyeron hicieron que a ella le llegaran las respuestas a sus necesidades.
Y ahora que logró escribirlo, cuenta que volvió a creer en eso que alguna vez leyó, eso de que las casualidades no existen, advierte que deberían llamarse de otra manera y remarca en letra grande:
NO ESTAN AHÍ PORQUE SI, NI LAS COSAS, NI LA GENTE, NI LAS SITUACIONES APARECEN POR APARECER, SON PRODUCTO DE UNA BÚSQUEDA Y UN FUERTE DESEO DE QUE ESO SUCEDA.
Afirma que no entiende porque la gente habla de casualidad como algo intrascendente.
No lo es, dice, llegan porque se buscan.
Se buscan, por eso llegan (lo escribe a gritos y con un halo de alegría)
Con él cambio su suerte, y esta segura de que él también ganó una respuesta y va cambiar algo de su vida con este encuentro.
miércoles, 16 de diciembre de 2009
jueves, 10 de diciembre de 2009
La Verdad de “UNO”
“Vaya uno a saber”, dijo el viejo.
Y ahí fue.
Se hizo propio el nombre Uno.
Y se largó a correr,
desesperadamente se largó a correr.
Y empezó a llover,
Fuerte.
Tanto que las gotas le golpeaban y le hacían doler.
Le parecían piedras.
Y al rato (o enseguida no sé),
se dio cuenta que eran piedras,
pero siguió,
siguió corriendo.
No buscaba un techo,
Y empezó a leer...
Los carteles.
Las señales.
Empezó a ver.
Y empezó a preguntar,
Y le contestaban.
En el mismo idioma.
En otro.
Y empezó a aprender.
Y ya no le importaba llegar.
Se divertía.
Y a medida que seguía,
se iba dando cuenta,
que siempre iba a faltar algo,
que siempre habría algo más
pero más que nada se dio cuenta
que a Saber nunca iba a llegar.
Y ahí fue.
Se hizo propio el nombre Uno.
Y se largó a correr,
desesperadamente se largó a correr.
Y empezó a llover,
Fuerte.
Tanto que las gotas le golpeaban y le hacían doler.
Le parecían piedras.
Y al rato (o enseguida no sé),
se dio cuenta que eran piedras,
pero siguió,
siguió corriendo.
No buscaba un techo,
Y empezó a leer...
Los carteles.
Las señales.
Empezó a ver.
Y empezó a preguntar,
Y le contestaban.
En el mismo idioma.
En otro.
Y empezó a aprender.
Y ya no le importaba llegar.
Se divertía.
Y a medida que seguía,
se iba dando cuenta,
que siempre iba a faltar algo,
que siempre habría algo más
pero más que nada se dio cuenta
que a Saber nunca iba a llegar.
Entrada a un mundo
Oz es ese lugar, diez minutos antes del sueño, donde nos vendamos las heridas, nos ponemos los pies en remojo, soñamos que somos mejores, dormitamos con poesía en los labios y decidimos que a la humanidad, por muy maliciosa, mezquina y tonta que sea, habrá que darle otra oportunidad, al amanecer. RAY BRADBURY
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